“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn. 14:27).
Estaba preparando a sus discípulos para su partida, sabiendo que sería una dura prueba para la paz de ellos.
Es como si Cristo dijera: “Si la paz que recibís de mí consiste en lo mismo que la paz mundana (dinero, comodidad y felicidad carnal), tendréis toda la razón del mundo para lamentaros en mi funeral.
¡No!, podéis esperar problemas y persecución. Pero siempre estaréis seguros de que la paz que os dejo no reside en las propiedades, sino en los corazones.
Mi consuelo no estriba en oro y plata, sino en el perdón de pecados y la esperanza de gloria. La paz que os dará el Consolador, que viene de mí para morar en vosotros, durará más que todo el gozo del mundo”.