Tercero, Esta
misma teología se aprecia en las palabras de Pablo: que todas las cosas vienen de (ek) Dios por medio de (día) Cristo (1 Co. 8:6; ver también Col. 1:16).
Cuarto, hay una afirmación sorprendente de que "aquel Verbo fue hecho carne" (1:14). Una afirmación así tuvo que asombrar y contradecir todos los dualismos filosóficos y gnósticos helenistas que separaban a Dios del mundo que Él había creado. Incluso Filón, con sus antecedentes judíos de un Dios creador, concibe al Creador como totalmente trascendente. Dios dio vida a un mundo original de ideas; pero el Lagos, en este caso una segunda divinidad derivada, engendrada por Dios en la eternidad, moldea el mundo visible. Juan quiere enfatizar que fue Dios mismo quien irrumpió, por la Palabra, en la Historia humana, no como un fantasma, sino como un hombre verdadero de carne y hueso. La palabra traducida por "habitar" (eskenosen), o "morar", es una metáfora bíblica de la presencia de Dios. Esta afirmación "implica que Dios mismo estaba presente en carne, en humillación".
El quinto significado de Lagos es que ha venido en carne como revelador. Viene para revelar la vida a los hombres (1:4) la luz (1:4-5) la gracia (1:14), la verdad (1:14), la gloria (1:14), incluso a Dios mismo. "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (1:18). Aunque Juan no vuelve a utilizar esta expresión en todo el Evangelio.
Mesías.
Hemos visto que en el pensamiento judío de la época Mesías (Cristo) se concebía como el Hijo de David, ungido y divinamente dotado, que destruiría al odiado dominio pagano y liberaría al pueblo de Dios. Es sorprendente que la interpretación teológica que materializa el cuarto Evangelio no se corresponda con la del cristianismo posterior. En todo Juan, exceptuando dos ocasiones (1:17; 17:3), Cristo se utiliza como un título, no como un nombre propio; y la primera de estas dos excepciones es un anacronismo. En este sentido, el Evangelio refleja debidamente su marco judío. El Evangelio fue escrito, no para que los hombres pudieran creer en Jesucristo, sino para que pudieran creer que Jesús es el Cristo. Jesús era su nombre, no Jesucristo. Cristo llegó a ser un nombre propio sólo cuando el Evangelio pasó al mundo helenista (Hch. 11:26). Juan apenas refleja este hecho.
El Evangelio establece una nota cristológica en su comienzo mismo: uno de los primeros discípulos, Andrés, le dice a Pedro que ha encontrado al Mesías (1:41). Al día siguiente Natanael confiesa que Jesús es "el Hijo de Dios; (...) el Rey de Israel" (1:49). El Evangelio refleja con precisión la situación política de la época. "Rey de Israel" no se refiere a un militante revolucionario de acuerdo con la idea judía. De hecho, después de uno de los milagros más importantes de Jesús, el pueblo trató de apoderarse de él por la fuerza para hacerlo Rey (6:15), pero se negó. La última entrada en Jerusalén se describe como la venida del Rey de Israel (12:13, 15). Que Jesús fue acusado de sedición política ante Pilato se refleja en la pregunta de éste: "¿Eres tú el rey de los judíos?" (18:33). Jesús contestó que su autoridad no provenía de este mundo y no podía defenderse por la fuerza de las armas (18:36). Más tarde se burlaron de él como Rey de los judíos (19:3) y le ejecutaron poniendo en la cruz el título "Rey de los judíos" (19:19).
Es obvio que su mesianismo no tiene un carácter político sino espiritual. Asítambién, el título "Christos" no es en sí mismo adecuado para designar a la persona y la misión de Jesús. No sólo es el Mesías, también es el Hijo de Dios (20:31; 1:49; 11:27). Es el Mesías en el sentido de que cumple la esperanza del Antiguo Testamento de un libertador futuro (1:45). Se esperaba que él permaneciera oculto hasta que apareciera de repente (7:27), pero Jesús era una figura muy conocida. Cuando él habló de la inminencia de su muerte, los judíos le contestaron diciendo: "Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre" (12:34). Al citar estas palabras, Juan no se refiere a ninguna profecía específica sino a la forma en la que los judíos interpretaban el Antiguo Testamento (ver Is. 9:6). Era una contradicción que el Mesías debiera morir, porque su misión era reinar en el Reino eterno de Dios.
Aunque la idea de Jesús como Rey mesiánico no es central en el pensamiento juanino, algunas diferencias en el Evangelio reflejan una situación histórica en la que Jesús hizo y dijo cosas que llevaron a algunas personas a pensar que era el Mesías, aunque no se adaptaba a la idea que se tenía de él. Es difícil creer que esto refleje la situación de la época del evangelista a no ser que escribiera principalmente para un auditorio judío. La confesión normativa de Jesús en el mundo gentil no era que Jesús fuera el Cristo sino que era el Señor (Ro. 10:9). La situación de la época de Juan se refleja mejor en sus cartas, donde Cristo suele ser nombre propio," Sin embargo, Cristo e Hijo de Dios no son intercambiables y no son totalmente sinónimos.
El Hijo del Hombre.
Igual que en los Sinópticos, la expresión "Hijo del Hombre" es usada sólo por Jesús para referirse a sí mismo; nunca la dicen los discípulos o el resto de la gente. Todavía se refleja con más claridad la perplejidad de su significado cuando se aplica a un hombre entre los hombres. Jesús le preguntó a un ciego de nacimiento si creía en el Hijo del Hombre; y él contestó: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?" (9:35). Cuando Jesús se refirió a la muerte del Hijo del Hombre (12:23), los judíos le preguntaron: "Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre? (12:34).
Esto puede reflejar una falta de conocimiento de lo que significa la expresión "Hijo del Hombre" y puede entenderse como una prueba de que no tiene connotaciones mesiánicas; pero también puede indicar una cierta confusión por parte de los judíos al aplicarla a un hombre entre los hombres. El hecho de que en Juan, como en los Sinópticos, el título sólo lo use Jesús para sí mismo, parece reflejar una reminiscencia histórica de que Jesús no la utilizó como un título distinto a los que los discípulos le dieron después de la resurrección. El Hijo del Hombre era un ser celestial, sobrenatural, que vendría a la tierra en gloria; ¿Cómo podía estar entre los hombres para que creyeran en él? ¿Cómo podía morir? Estas ideas sobre el Hijo del Hombre eran en realidad increíbles.
Hemos visto que en los Sinópticos, los pasajes acerca del Hijo del Hombre se dividen en tres grupos: el Hijo del Hombre ejerciendo su ministerio en la tierra, el Hijo del