Quien mora en el Dios Triuno no debe ni puede perder la santidad y servir al pecado para entregarse por completo a sus órdenes. Quien ha sido liberado del poder de las tinieblas y trasladado al reino del amado Hijo de Dios, nunca más volverá a ser un sujeto disponible para Satanás. Aquel que se ha convertido en receptor de una experiencia sobrenatural de la Verdad nunca será fatalmente engañado por las mentiras del diablo. Es cierto que su propia voluntad es cambiante, pero la promesa de Dios es inmutable; su propia fuerza es débil, pero el poder de Dios es invencible, sus oraciones son débiles, pero la intercesión de Cristo prevalece.
Tomado del libro «Seguridad Eterna» de A.W. Pink.
