Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. (15:25-30)

Mientras tanto, el hijo mayor había estado en el campo todo el día supervisando a los trabajadores y no estaba al tanto del regreso de su hermano y de la posterior fiesta. Cuando vino del campo y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas. El hecho de que no supiera nada de la reconciliación ni hubiera oído antes los sonidos de la fiesta indica el enorme tamaño de la propiedad familiar diseñado en la historia. Sorprendido al descubrir que en la aldea se realizaba una amplia celebración de la que no sabía nada, llamando a uno de los criados (tal vez uno de los jovencitos que se hallaban al margen de la fiesta) le preguntó qué era aquello. El hijo mayor no estaba al tanto de la fiesta, aunque como primogénito debió haber recaído en él la responsabilidad de planificarla. Además, eran sus recursos, su parte de los bienes, los que se estaban usando para la fiesta, y sin embargo a él no le habían consultado. Legalmente su padre no tenía que pedirle permiso para usar los recursos, a pesar de que ya le había repartido los dos tercios restantes de la propiedad. Según se indicó antes, el padre retenía el control (de acuerdo con el principio legal conocido como usufructo) de los bienes mientras viviera. Pero el hecho de que el padre no le consultara indica una vez más que el hermano mayor no tenía ninguna relación con él ni con su hermano menor. En términos de su relación con su familia, el individuo estaba tanto metafórica como literalmente lejos, en un campo.

La respuesta del siervo, Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano, debería haberlo llenado de gozo porque su hermano había regresado y su padre estaba siendo apropiadamente honrado por su generosidad. En vez de eso le indignó y le enfureció que su padre hubiera recibido definitivamente otra vez al pródigo. Peor aún fue darse cuenta desde su perspectiva de que su padre ya se había reconciliado con su hermano (la palabra griega traducida bueno y sano se usa en la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, para referirse a paz, no simplemente a salud física), en vez de hacerlo trabajar para que hiciera restitución por su derroche y su pecado.

Durante años, ese rebelde hijo mayor había logrado ocultar sus verdaderos sentimientos de animosidad hacia su padre y su hermano. No obstante, todo el tiempo había sido malvado como su hermano, solo que por dentro, no por fuera. Pero este hecho desenmascaró su verdadera actitud. En una demostración pública del prolongado odio cultivado, se enojó, y no quería entrar a celebrar con los