Otros bendecirán a Dios por la prosperidad, pero el cristiano contento lo bendecirá por la aflicción. Así razona consigo mismo: «¿Estoy en necesidad? Dios ve que es mejor que carezca a que abunde. Dios ahora está dietándome, ve mejor para mi salud espiritual que a veces sea mantenido en ayuno. Por tanto, no solo se somete, sino que está agradecido.
El descontento se queja siempre de su condición, pero el espíritu contento da siempre gracias. ¡Oh, qué altura de gracia es esta! Un corazón contento es un templo donde se cantan las alabanzas de Dios, no un sepulcro donde están enterradas.
Un cristiano contento en las más grandes dificultades o apuros tiene su corazón lleno de agradecimiento. Frecuentemente contempla el extraordinario amor de Dios. Puesto que se ve a sí mismo como un monumento de misericordia, desea ser un modelo de alabanza. Siempre hay música gratulatoria en un alma contenta.
