En la década de 1830, cuando Alexis de Tocqueville escribió sus famosas observaciones sobre América, destacó "una extraña melancolía que invade a sus habitantes. aun en medio de la abundancia". Los estadounidenses creian que la prosperidad saciaria su sed de felicidad, pero semejante esperanza era ilusoria, porque, como añadió de Tocqueville, "los gozos incompletos de este mundo nunca satisfarán el corazón [del hombre]". Esta extraña melancolía se manifiesta de muchas maneras, pero siempre conduce a la misma desesperación nacida de no encontrar lo que se busca.
Existe una diferencia entre la tristeza y la desesperación. La tristeza es un dolor para el que existen maneras de aliviarlo. La tristeza es fruto de la pérdida de una cosa buena entre otras, de modo que, si uno padece un revés profesional, puede encontrar consuelo en su familia para sobrellevar la situación. Sin embargo, la desesperación es inconsolable, porque nace de perder algo esencial. Cuando usted pierde la fuente esencial del sentido de su vida o de su esperanza, ya no hay otras fuentes a las que recurrir. Esto quebranta nuestro espiritu.
¿Cuál es la causa de esta "extraña melancolía" que invade nuestra sociedad incluso durante esas etapas de expansión y crecimiento en las que hay una actividad frenética, y que se convierte en una desesperación flagrante en cuanto disminuye la prosperidad?. De Tocqueville dice que es el resultado de escoger "un goce incompleto de este mundo" y convertirlo en el eje de la existencia. Esta es la definición de la idolatria.
Extraído del libro Dioses que fallan, Timothy Keller.
