A veces el Seol se convierte en un lugar de condenación y destrucción para los malos mientras que sólo los justos verán la resurrección. "Vida eterna" es un término que a veces se utiliza para designar la resurrección (Sal. Salo. 3:16; 1 En. 37:4; 40:9; 58:3; Test. Aser 5:2). Ocasionalmente también se utiliza sólo la palabra "vida" en lugar de "vida eterna" para referirse a la resurrección (Sal. Salo. 14:7; 2 Mac. 7:9-14; 4 Esd. 7:137), y lo mismo ocurre con el verbo "vivir" (4 Esd. 14:22).
Esta vida no consiste en despertar poderes innatos que ya están en el ser humano, sino en la comunicación de una nueva vida, mediada por Cristo; y los que no "comen su carne y beben su sangre" no pueden participar de ella (6:35). Esta vida se debe tanto a la mediación de la persona de Jesús como de sus palabras. Ellas son vida (6:63) porque vienen del Padre, el cual le ha ordenado lo que tiene que decir, y el mandamiento de Dios es vida eterna (12:49-50).
Estas dos dimensiones de la vida presente y futura están inseparablemente asociadas en el discurso de Jesús sobre su relación con el Padre. Ya que Dios es la fuente de la vida, solo él puede resucitar a los muertos, pero lo ha delegado en su Hijo (5:21). Esta misión se lleva a cabo en dos etapas. Ya ha llegado la hora de que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y vuelvan a la vida (5:25). Que esto se refiere a la resurrección "espiritual", es decir, a la experiencia presente de la vida eterna, queda demostrado por las palabras, "viene la hora, y ahora es". La resurrección sucede en el ministerio de Jesús porque el Padre "ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo" (5:26). Sin embargo, esta experiencia no abarca todo lo que significa la vida; "vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros [o sea, los que están físicamente muertos] oirán su voz; (...) saldrán a resurrección de vida; y (...) a la resurrección de condenación" (5:28,29).
Tanto en los Sinópticos como en Juan, la vida eterna es la del Siglo Venidero. En los Sinópticos esta vida también es la del Reino de Dios, el cual pertenece al Siglo Venidero. Sin embargo el único elemento de la predicación de Jesús sobre el Reino en los Sinópticos, es que el Reino escatológico ha irrumpido en este siglo. El Reino ha venido (Mt. 12:28), aunque el Siglo Venidero es siempre futuro. Del mismo modo, Juan afirma que la vida que pertenece al Siglo Venidero ha venido ya a los hombres. "En esto, zoe aionios en Juan se parece al Reino de Dios en los Evangelios Sinópticos, lo que es propiamente una bendición futura se convierte en un hecho presente en virtud del futuro en Cristo","