LA VIDA CRISTIANA
Lo único que Jesús exige de las personas para que puedan recibir la vida eterna que Él ofrece es la fe, creer. Esto en Juan se presenta de una forma más explícita que en los Sinópticos. La fe juega un papel importante en los Sinópticos, pero terminológicamente, por lo menos, es primordialmente en Dios, la presencia y el poder cuyo reinado Jesús proclamó. La fe significa compromiso completo y unión personal entre el creyente y Cristo resulta evidente por otros términos equivalentes a ella. Creer significa recibirle, recibir el testimonio, recibir las palabras de Jesús.
Fe y señales.
En algunas ocasiones las señales tienen el propósito de guiar a la fe en Jesús. Por otra parte, están aquellos que vieron las señales y no creyeron. Además, Jesús a veces censura a los judíos porque no quieren creer si no ven señales. La respuesta debe buscarse en una especie de tensión entre las señales y la fe. Ésta es necesaria para reconocer el verdadero significado de aquéllas y de su testimonio de Jesús; para los que no tienen fe, las señales son simplemente prodigios que carecen de sentido. Para los que responden, son medios que confirman y profundizan la fe.
El Evangelio parece indicar que una cierta aceptación de las señales no es verdadera fe. No es suficiente impresionarse con los milagros como maravillas hechas por el poder de Dios; deben también entenderse como una revelación de quién es Jesús, y de su unidad con el Padre. Esto se pone de manifiesto por el hecho de que Jesús se reserva su mejor alabanza para aquéllos que, sin haber visto ninguna señal, creen (20:29). Esta fe sin señales no es simple credulidad sino una verdadera respuesta al testimonio de los discípulos.
Gloria.
Las señales que dan testimonio de Jesús revelan también la gloria de Dios. En el Nuevo Testamento, gloria es primordialmente un concepto escatológico, que se refiere a la manifestación visible de Dios al final del siglo para establecer su Reino. Esta gloria será compartida por los creyentes. En Juan, la muerte-resurrección-ascensión de Jesús es su glorificación. En su última oración, Jesús pide ser glorificado. Él vino de la gloria de la presencia del Padre y regresará a ella después de su muerte. Un día sus discípulos la compartirán. Esto hace referencia a la consumación futura, cuando los seguidores de Jesús contemplarán su gloria desvelada en la Deidad.”
Sin embargo, en Juan, a diferencia de los Sinópticos, la gloria de Dios se pone de manifiesto en el ministerio de Jesús. Los Sinópticos relatan la transfiguración, cuando se hizo visible la gloria de Jesús, episodio que no se encuentra en Juan. Pero Juan difiere de los Sinópticos al hacer de todo el ministerio de Jesús una manifestación de la gloria de Dios. Esta es otra de las ideas clave de Juan. “Aquel Verbo fue hecho carne (…) y vimos su gloria”. Después del primer milagro de Caná, Juan dice que en él manifestó su gloria, “y sus discípulos creyeron en él”. Su muerte en la cruz fue la acción más importante para glorificar a Dios. Esta gloria, manifestada en Jesús, obviamente estaba velada.” Sólo podía verse a través de los ojos de la fe. “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”.
La gloria de Dios se manifestó en su humillación y sufrimiento, visible sólo para los ojos de la fe. Es obvio que cuando Juan habla de que Jesús manifestaba su gloria, lo hace desde una comprensión posterior a la resurrección. Se trata de una interpretación de la vida de Jesús desde su exaltación.
Fe y conocimiento.
Obviamente en el Cuarto Evangelio hay una íntima relación entre fe y conocimiento, porque los objetos de ambos son los mismos. Algunas veces estas dos ideas aparecen íntimamente asociadas. El conocimiento es para Jesús una posesión innata; pero para los hombres es el resultado del discipulado. “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (8:31-32). Que el conocimiento proceda a veces de la fe hace imposible diferenciarlos como etapas inicial y final de la experiencia cristiana. Puesto que todo conocimiento comienza por la fe, también permanece en la fe. Del mismo modo, toda fe debe llegar al conocimiento. Si cualquier conocimiento procede de la fe, ésta se consuma en conocimiento. El conocimiento es, por tanto, un elemento constitutivo de la fe genuina”.
Predestinación.
Algunos pasajes de Juan parecen reflejar una idea especial de predestinación, a saber, que sólo los elegidos de Dios podrán llegar a la fe. Los discípulos de Jesús constituyen un rebaño que su Padre le ha dado. Juan no se esfuerza en reconciliar la predestinación divina y la responsabilidad humana. No ve contradicción alguna en que la fe represente una decisión libre de la voluntad de la persona y al mismo tiempo se deba al don de la gracia de Dios.
Permanecer.
Si la fe es la forma de entrar en la vida, permanecer es la única exigencia para continuar en ella. Permanecer en Jesús significa permanecer en su palabra, en su doctrina, en su amor, cumplir sus mandamientos, amarse unos a otros. Para Jesús, morar en sus discípulos significa que su palabra permanece en ellos, que el amor de Dios mora en ellos, que la verdad está en ellos. Contrastando con esto, los incrédulos permanecen en las tinieblas y en la muerte. Permanecer en Cristo significa mantener íntegra la comunión con él.
La ética juanina.
Juan, como los Sinópticos, se preocupa por la conducta cristiana, pero la expresa en términos muy diferentes. Los seguidores de Jesús deben practicar la verdad. Ésta no es una expresión griega, sino que tiene sus antecedentes en el Antiguo Testamento y aparece bastante a menudo en los escritos de Qumrán. En Juan, el término “verdad” tiene una connotación de Jesús como la encarnación del propósito redentor de Dios,” y practicar la verdad significa vivir a la luz de la revelación de Cristo.
Como guía de conducta están las palabras de Jesús, que son, de hecho, las palabras de Dios mismo. Sus discípulos deben oírlas, recibirlas, y guardarlas. Jesús también habla de sus mandamientos, los cuales deben ser acatados por sus discípulos. Además, la creencia en Jesús que conduce a la vida eterna consiste en obedecerle . Esta vida también puede describirse como hacer la voluntad de Dios.
El amor cristiano tiene su modelo en el amor de Jesús, que a su vez refleja el amor de Dios. “Dios es amor”, y éste se manifiesta en la entrega de su Hijo a la muerte. Este amor se ilustra con el lavamiento de pies de Jesús a los discípulos. El amor significa servicio totalmente desinteresado: la disposición de desempañar la tarea más humilde y servil por los demás.
La Iglesia.
El Cuarto Evangelio se ocupa primordialmente del mensaje de salvación para la persona individual, si bien, no podemos concluir que Juan considere a la persona aislada de otros creyentes, su énfasis específico es la unidad de la Iglesia.
Jesús está formando un nuevo rebaño en contraposición al Viejo Israel. Este nuevo pueblo estará compuesto por judíos y gentiles. Así se refleja en la afirmación: “Tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor” (10:16). La forma más fácil de entender esto es que “este redil” es la comunión de los discípulos judíos de Jesús, mientras que hay “otras ovejas” que representan a los gentiles que deben incorporarse a ese único redil, que debe ser uno solo, porque tiene su unidad en el único pastor. El único Jesús que puede ser objeto de la devoción de los gentiles es el crucificado y glorificado.
Los sacramentos.
Sobre la cuestión de los sacramentos en Juan no hay unanimidad entre los intérpretes contemporáneos. Los estudiosos católicos se inclinan a interpretar a Juan de una forma sacramental. Para los protestantes sí hay sacramentalismo en Juan, éste está en sus palabras acerca del nacimiento “del agua y del Espíritu”, y en el comer la carne de Jesús y beber su sangre. La mención del agua, pues, lejos de ser una referencia literal al sacramento del bautismo, es un símbolo de la purificación espiritual producida por el Espíritu. Más que expresar una idea sacramental, Juan parece desafiar cualquier sacramentalismo que intuye en sus lectores.