COMENTARIO PERSONAL
Me sentía ansiosa por hacer esta lectura, principalmente por el título "La vida cristiana". Hoy por la tarde, estaba escribiendo un artículo en relación con este tema y sabía que esta lectura me aportaría información valiosa. Adentrando en lo que dice el texto, me parece interesante que Juan no utiliza un lenguaje uniforme para referirse a creer, sino que reconoce diferentes niveles de fe. Es decir, en algunas personas las señales no producen fe, pueden reconocer a Jesús como a un enviado por Dios, pero sin convertirse al evangelio. Esto lo he visto en algunas personas a las que les he compartido el evangelio. Aunque lo escuchan de buena voluntad, deciden no aceptarlo en su corazón por falta de evidencia. Tienen que ver para creer. Pero su incredulidad nos permite ver nuestra incapacidad para salvar a otras personas y a nosotros mismo. Esta obra solo la hace posible el Espíritu Santo en el corazón del hombre. En palabras de Jesús, precisamente en el Evangelio de Juan: «Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí» (Jn 16:9).
Me llama la atención que Juan no ve contradicción alguna en que la fe represente una decisión libre de la voluntad de la persona y al mismo tiempo se deba al don de la gracia de Dios. Esta es una de las diferencias más notables entre Arminianos y Calvinistas: el libre albedrío y la predestinación. Personalmente, no quiero inclinarme por alguna de estas dos posturas, porque me causan miedo los extremos y no quiero perderme en mi propio entendimiento. Al leer que para Juan no existe contradicción alguna entre ambas posturas me resulta una revelación divina.
Por otro lado, que Juan considere que la muerte, resurrección y ascensión de Jesús es su glorificación; y que la gloria de la presencia del Padre se manifieste en el Hijo encarnado y regrese a Él después de su muerte; asimismo, que en la consumación futura, los discípulos de Jesús contemplarán su gloria completa, me parece asombroso. Mientras que los Sinópticos relatan la transfiguración como un momento cuando se hizo visible la gloria de Jesús —un episodio que no se encuentra en Juan—, Juan difiere de los Sinópticos al hacer de todo el ministerio de Jesús una manifestación de la gloria de Dios. Y es que Juan tiene una visión del Reino que se diferencia de los sinópticos, como decía en la lectura anterior, el Reino escatológico ya empezó y está entre nosotros.
El testimonio de Juan nos recuerda que, Aquel Verbo fue hecho carne, y vimos su gloria en la encarnación, porque el Hijo dio a conocer al Padre, nuestro glorioso Dios. Y definitivamente, su muerte en la cruz fue la acción más importante para glorificar a Dios. Esto es algo nuevo para mí, porque nunca imaginé que la gloria de Dios se manifestó en su humillación y sufrimiento, y es visible sólo para los ojos de la fe. Desde hace un tiempo, he sentido que Dios me está revelando este misterio de "la gloria de Dios", desde distintas perspectivas. He leído mucho a John Piper, que es uno de los autores que se centra en la gloria de Dios. Leerlo me ha permitido ver el texto bíblico con contemplación y asombro, algo que antes no hacía. Y ahora, al saber que Juan habla de que Jesús manifestaba la gloria de Dios, y lo hace desde una comprensión posterior a la resurrección, es algo que valoro demasiado, porque el Evangelio de Juan —junto con Mateo— siempre fue uno de mis favoritos.
Estoy de acuerdo en que las palabras de Jesús constituyen a una nueva ley dada por un segundo Moisés. Asimismo, me siento profundamente agradecida de que a los gentiles se nos haya incluido en el grupo de los discípulos de Jesús, mediante su obra redentora. Esta parte del Manual me conmovió mucho: «Algunos griegos fueron a Felipe solicitando ver a Jesús. [Aunque] Jesús parece censurarles al principio cuando habla de su próxima partida, su respuesta en realidad no es un reproche; es una afirmación implícita de que el único Jesús que puede ser objeto de la devoción de los gentiles es el crucificado y glorificado».
Esta lectura ha sido demasiado profunda. Aun sigo digiriendo toda la información. Solo puedo agraceder a Dios por permitirme conocer y comprender estas cosas. Así como esperar con ansias la siguiente lectura, que no tengo la menor duda, será de gran bendición.