Jesús vivió en una sociedad religiosa muy compleja que incluía a muchos profesionales religiosos. Esos profesionales conformaban cuatro grupos principales: fariseos, saduceos, esenios y zelotes. En este momento solo es necesario presentar brevemente a estos grupos. Capítulos posteriores desarrollarán más sus rasgos distintivos.
Los fariseos creían que la religión correcta constaba de leyes divinas y tradición humana. Su principal interés era la observancia meticulosa de la ley mosaica, y de cada detalle insignificante de las tradiciones transmitidas por varios rabinos a lo largo de los siglos. Se centraban en la adhesión a las leyes del pasado.
Los saduceos se enfocaban en el presente. Eran los liberales religiosos que descartaban la mayoría de aspectos sobrenaturales y que modificaban tanto las Escrituras como la tradición, a fin de que calzaran en la propia filosofía religiosa que preservaban.
Los esenios eran ascetas que creían que la religión correcta significaba separación del resto de la sociedad. Llevaban vidas austeras en regiones remotas y áridas tales como Qumrán, en la costa noroeste del M ar Muerto.
Los zelotes eran nacionalistas fanáticos que creían que la religión correcta se centraba en activismo político radical. Estos judíos revolucionarios menospreciaban a sus compañeros judíos que no tomaban las armas en contra de Roma.
Pero el mensaje de Jesús no tenía nada que ver con ninguna de esas tendencias. A los fariseos les dijo que la verdadera espiritualidad es interna, no externa. A los saduceos les declaró que las cosas se hacen a la manera de Dios, no a la manera del hombre. A los esenios les explicó que lo que Él pide es asunto del corazón, no del cuerpo. A los zelotes les expresó que la situación tiene que ver con adoración, no con revolución. La idea central del mensaje de Jesús a cada grupo y a cada persona, de cualquier creencia o inclinación, era que el camino de su reino es primero y ante todo un asunto del interior, es decir del alma. Ese es el enfoque central del Sermón del M onte. La verdadera religión en el reino de Dios no es una cuestión de ritual, de filosofía, de ubicación, o de poderío militar, sino de actitud correcta hacia Dios y las demás personas. El Señor lo resumió en estas palabras: "Os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (5:20).
El mensaje dominante del Sermón del Monte es que no debemos buscar consuelo solamente en la teología correcta, mucho menos en la filosofía contemporánea, en la separación geográfica, o en el activismo militar y político. La teología correcta es esencial; así como también lo es ser contemporáneos en la manera correcta, separándonos de lo mundano y adoptando una posición en asuntos morales. Pero si han de servir y agradar a Dios, tales asuntos externos deben fluir de una vida y de actitudes internas correctas. Esa siempre ha sido la manera de Dios. Él le dijo a Samuel: "Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón" (1 S. 16:7). En Proverbios la sabiduría declara: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida" (4:23).
Cuando los fariseos con quienes Jesús estaba almorzando se molestaron porque Él no se lavó ceremonialmente las manos antes de comer, Jesús manifestó: "Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad. Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de adentro? Pero dad limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio" (Lc. 11:39-41). Ese fue el mensaje de Jesús para cada secta del judaísmo.
Extraído del "Comentario MacArthur del Nuevo Testamento, Mateo", por John MacArthur.
